viernes, 20 de abril de 2018

Más allá de los años (2007)















Título original: Chun nyun hack
Director: Im Kwon-taek
Corea del Sur, 2007, 106 minutos

Más allá de los años (2007)

Desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, Más allá de los años no pasa de ser otra película asiática insufriblemente esteticista: estilizados campos de espigas mecidas por la apacible brisa, grullas surcando el horizonte a cámara lenta y lacrimógenas disputas familiares sin fin a lo largo de varias generaciones: dos hermanos (chico y chica), un padre despótico obsesionado por la correcta transmisión de los poemas épicos en los que es un consumado intérprete, etc., etc.

Bastante más interés, sin embargo, plantea su trasfondo cultural, basado en el pansori o arte dramático musical coreano. Sobre todo si, finalizada la proyección, los asistentes tienen la suerte de disfrutar en directo de una breve actuación a cargo de un dúo del grupo de artistas del National Gugak Center de Jindo.

Eso es lo que se ha vivido esta tarde en la sala Laya de la Filmoteca de Catalunya, entidad que (en colaboración con el Museo de la Música) ofrece este mes una muestra de filmes coreanos centrados en la recuperación y difusión del pansori, modalidad a medio camino entre la canción y el teatro en la que un tamborilero, sentado en el suelo, lleva a cabo el único acompañamiento al lacónico canto de la intérprete. Ni que decir tiene que los vistosos trajes tradicionales (vestido talar ella y amplio sombrero negro él) son parte indispensable para la puesta en escena, en la que los abanicos juegan asimismo un importante papel a la hora de enfatizar la ejecución.


El buen maestro (2017)














Título original: Les grands esprits
Director: Olivier Ayache-Vidal
Francia, 2017, 106 minutos

El buen maestro (2017)

Definitivamente, Francia está "enferma". Aunque la dolencia que la aqueja es una secuela comprensible tras la brutal oleada de atentados terroristas que, en los últimos tiempos, ha sacudido a aquel país. Si hace unos días veíamos cómo en el filme Una razón brillante se pretende aleccionar a los espectadores sobre los efectos balsámicos del binomio educación más tolerancia, ahora nos llega otro título que insiste sobre esas mismas ideas.

Con todo, desde el primer instante es fácil que a uno lo asalte una decepcionante sensación de déjà vu mientras van siendo desgranadas las diferentes situaciones que plantea Les grands esprits. En ese aspecto, el primer largometraje dirigido por el realizador Olivier Ayache-Vidal pretende recoger el testigo de lo que ya se decía hace una década en Entre les murs, si bien a través de un discurso menos contundente que el que allí utilizaba Laurent Cantet.



Como en todas las películas con mensaje, su protagonista experimenta una metamorfosis: la misma que se espera provocar entre el público en aras de una sociedad más integradora. François Foucault (Denis Podalydès) representa al típico profesor de literatura pedante, parapetado en su erudición e incapaz, tras muchos años de docencia, de conectar con unos alumnos cuya incultura le desespera. Es entonces cuando un azar del destino lo arranca del confortable reducto elitista que es el liceo Henri IV para arrojarlo a las procelosas aulas de un instituto público de las afueras de París donde, ¡milagro!, no sólo logra inculcar el interés por Victor Hugo entre un alumnado inicialmente apático y de lo más variopinto, sino que también le queda tiempo para cuestionar las estrictas medidas de disciplina del centro (los temibles CD o Consejos de Disciplina mediante los que son expulsados los estudiantes más conflictivos) e incluso flirtear con una profesora más joven que, para colmo, es la pareja de su máximo oponente en el claustro.

Sorprende comprobar, desde Hoy empieza todo (Bertrand Tavernier, 1999) hasta En la casa (François Ozon, 2012) o La profesora de historia (Marie-Castille Mention-Schaar, 2014), cómo en el país de la Ilustración se sigue creyendo en el poder transformador de la cultura para mejorar el mundo y hacerlo más igualitario. Discurso que choca frontalmente con la realidad de los guetos y el creciente descontento de los inmigrantes de segunda e incluso de tercera generación, que ya no se identifican con ese modelo. ¿Podrá el cine revertir dicha situación mediante películas de planteamiento tan candoroso como el de El buen maestro? La respuesta es tan obvia que no vale la pena ni contestar.


jueves, 19 de abril de 2018

Angelina o el honor de un brigadier (1935)














Directores: Louis King y Miguel de Zárraga
EE.UU., 1935, 74 minutos



Me llamo Angelina Ortiz...
Soy una muchacha honrada 
que no se entera de nada 
y que por eso es feliz; 
pero, claro, al fin, mujer, 
soy un poquito coqueta...
Tengo un novio que es poeta,
y un papá, que es brigadier.



La estancia de Jardiel en Hollywood, pese a su brevedad, dio como resultado esta pequeña joya, adaptación del drama en verso homónimo que el autor estrenara en España apenas un año antes. Y aunque la película no pase de ser un pálido reflejo de la obra maestra en la que se basa, hay que admitir, sin embargo, que posee el encanto especial de su cuidada puesta en escena. En ese sentido, son dignos de mención el elaborado diseño de vestuario, a cargo de Lillian (1903–1989), así como la acertada recreación de ese ambiente decimonónico, solemne y caduco, que se pretendía ridiculizar.



Es por ello que el guion, que corrió a cargo del propio Jardiel Poncela y de Elizabeth Reinhardt (quien años después participaría en la escritura de la mítica Laura de Preminger) posee uno de sus principales aciertos al hacer que el filme se abra y se cierre con las páginas de un antiguo álbum fotográfico desde cuyo interior nos saludan los habitantes de aquel lejano Madrid de 1880.



Como suele suceder en la práctica totalidad de las producciones rodadas en castellano por la Fox Film Corporation durante la primera mitad de los años treinta, no deja de tener su gracia el detectar, aquí y allá, los diferentes acentos que delatan la diversa procedencia del elenco de actores. Así pues, además de los españoles que, como Jardiel y otros miembros de la otra generación del 27, probaron fortuna en América (Rosita Díaz, Julio Peña...), tenemos los casos de Enrique de Rosas (1888–1948), cuya dicción al interpretar al brigadier pone de manifiesto su origen argentino, o de la mejicana Ligia de Golconda (1883–1942), quien encarna a doña Calixta, la esposa del banquero.



Dotados de un finísimo a la par que castizo sentido del humor, los ripios de Jardiel nos dejan réplicas memorables. Baste recordar aquello de: "¡No admito más ultrajes: / me ha soltado usted dos viajes!" o los camellos que acumula en su diatriba Germán (José Crespo) para espetarle finalmente al brigadier: ¡¡Es usté una caravana, / mi querido don Marcial!!" Aspectos, todos ellos, que hacen de esta Angelina... no sólo una comedia amable, sino, sobre todo, un interesante documento sobre uno de los períodos más desconocidos de la historia de nuestra cinematografía: la presencia en la meca del cine de los Edgar Neville, López Rubio y demás españoles que, una vez allí, no sólo frecuentaron la compañía de grandes celebridades como Chaplin (con quien Jardiel comparte la concepción del cine como arte total en el que el autor debería controlar todas las fases de producción de un filme), sino que pusieron su modesto grano de arena en la construcción de la época dorada de Hollywood.


lunes, 16 de abril de 2018

Cinefòrum 19 d'abril

Benvolgudes i benvolguts,

Aquest dijous 19 d’abril, a les 17'30h. tindrà lloc al nostre saló d'actes la tercera i última projecció cinematogràfica d'enguany. Com a cloenda (i atenent el suggeriment dels companys de Cavall de Tramoia, que el passat cap de setmana representaven amb l'habitual èxit de públic Usted tiene ojos de mujer fatal) hem organitzat una sessió conjunta de cinefòrum que servirà de complement.

I com que Enrique Jardiel Poncela no només ha estat i és un autor les obres del qual s'han dut sovint a la gran pantalla, sinó que ell mateix va treballar a Hollywood a principis de la dècada dels trenta, l'elecció estava clara.

El film triat, Angelina o El honor de un brigadier, va ésser dirigit el 1935 per Louis King (en la seva versió anglesa), mentre que la versió en castellà (que és la que projectem) va còrrer a càrrec de Miguel de Zárraga. Un fenomen habitual a l'època, el de les dobles versions, que permeté al dramaturg treballar pels estudis Fox fent tasques de guionista.

Com ja és habitual, hi haurà una breu presentació abans de començar i un col·loqui posterior a la projecció. La pel·lícula té una durada aproximada de 74 minuts.

Ja sabeu que l'assistència està oberta a tota la comunitat de l'escola: alumnes i ex alumnes, pares, mares, avis i àvies, personal no docent, professores, professors, antics treballadors del centre... 

Hi esteu tots convidats!





domingo, 15 de abril de 2018

La noche de San Lorenzo (1982)














Título original: La notte di San Lorenzo
Directores: Paolo y Vittorio Taviani
Italia, 1982, 105 minutos

La noche de San Lorenzo (1982)

Ha muerto Vittorio Taviani, pero su cine sigue más vivo que nunca. Así lo atestiguan títulos como La noche de San Lorenzo (1982), relato autobiográfico en clave poética a partir de los recuerdos de infancia de una de las parejas de hermanos cineastas más célebres de todos los tiempos.

Una madre vela el sueño de su recién nacido. Es un 10 de agosto y la lluvia de estrellas le hace retrotraerse hasta 1944, cuando ella era una niña y salvó milagrosamente la vida durante los disturbios ocasionados tanto por nazis como por los camisas negras.



A pesar de que la evocación de la niña/mujer actúa de hilo conductor, con su voz en off relatando de vez en cuando los hechos, estamos ante un filme coral en el que es la comunidad la que finalmente acaba sobreponiéndose a la adversidad. En ese aspecto, La noche de San Lorenzo se plantea como el triunfo popular de quienes, con su sacrificio, logran frenar el avance de la barbarie.

Son historias en las que late la pulsión vital de unos campesinos para los que la alegría de vivir (lo mismo entre jóvenes que entre mayores, que ahí está la atracción experimentada por Galvano y Concetta) sólo es comparable a la ilusión de que los tanques americanos lleguen por fin para liberarlos.


Los proscritos del matrimonio (1963)















Título original: I fuorilegge del matrimonio
Directores: Valentino Orsini, Paolo y Vittorio Taviani
Italia, 1963, 100 minutos

Los proscritos del matrimonio (1963)

Ayer Milos Forman, hoy Vittorio Taviani... La nómina de cineastas míticos vivos se va reduciendo lenta pero inexorablemente. En el caso del italiano se da la circunstancia de que la Filmoteca de Catalunya dedica estos días una retrospectiva a los Taviani, de modo que, como ya sucediera con Alain Resnais y Richard Attenborough, el fallecimiento del director ha coincidido con la proyección de uno de sus filmes.

Segundo largometraje de ficción que dirigía la pareja de hermanos, en esta ocasión junto a Valentino Orsini, I fuorilegge del matrimonio consta de seis episodios cuyo hilo conductor es el divorcio, tema absolutamente tabú en una Italia por entonces controlada por la Democracia Cristiana. Antes de cada uno de ellos aparece en pantalla el texto con alguno de los supuestos, a cuál más insólito, en los que la nulidad matrimonial debería estar permitida.

Scilla Gabel en el papel de Wilma

De extensión e interés desigual, destacan el primero, en el que los responsables de la curia vaticana aparecen caracterizados como si de antiguos profetas se tratase, el tercero, sobre una muchacha que, tras haber subido al terrado de un edificio para hacer el amor a la luz de la luna, se queda allí atrapada (y desnuda) y el último, protagonizado por Ugo Tognazzi, empeñado, tras pasar varios años en África, en encontrar a su esposa, a la que cree enclaustrada en un convento de monjas.

A pesar del supuesto tono cómico de la cinta, I fuorilegge del matrimonio (inspirada en el proyecto de ley que presentara el senador socialista Luigi Renato Sansone para la aprobación del "piccolo divorzio") destila una cierta actitud crítica respecto al férreo ascendente que la Iglesia Católica ejercía sobre la sociedad italiana del momento.

Ugo Tognazzi escoltado por la policía

El hombre oculto (1971)

















Director: Alfonso Ungría
España, 1971, 94 minutos

El cartel es obra de Luis Eduardo Aute

Más de ocho minutos transcurren hasta que se pronuncia la primera palabra en El hombre oculto, lo cual nos da una primera idea de la incomunicación en la que viven instalados sus personajes. Aislamiento fruto de la particular situación política surgida tras el cese de la Guerra Civil Española y que condenó a muchos de quienes la perdieron a un humillante exilio interior.

Martín (interpretado por el portugués Carlos Otero) es uno de ellos: habituado a un encierro que ya dura tres décadas, el hombre ha desarrollado una serie de extrañas conductas cuya única explicación posible es la falta de contacto con el mundo real. Así pues, por más que reciba la visita esporádica de algún amigo o a pesar de compartir mesa con su esposa e hija, Martín se ha convertido en un ser que guarda sus propias uñas en un tarro cuando se las corta o que canta por soleares apenas musitando la letra para no levantar sospechas entre el vecindario. También intenta aprender francés o se imagina que dirige la Valquiria de Wagner. De hecho, su único contacto con el exterior son la prensa escrita o la radio, así como nuevos medios de comunicación (un televisor, un tocadiscos) que le infunden más respeto que otra cosa.

Martín (Carlos Otero) flanqueado por su mujer e hija

Amalia, su mujer (Yelena Samarina), muestra una actitud fría y desengañada, tal vez por el hastío que le provoca llevar una existencia tan sumamente frustrante. Harta de fingir y callar ante los demás, mantiene una relación con Santos (Luis Ciges), uno de los amigos de Martín. Aunque éste hace lo propio con Clara (Julieta Serrano), una muchacha ciega a la que recibe en su refugio. Belén (Carmen Maura) demuestra algo más de afecto hacia el padre. Pero ella es una joven de su tiempo y las batallitas que le pueda contar un antiguo combatiente republicano le atraen menos que la promesa de emancipación que supone su novio (Mario Gas). El reparto se completa, por cierto, con la presencia de un comandante casi mudo (hay que suponer que a consecuencia de su participación en la contienda) al que da vida el también cineasta José María Nunes, en una de sus escasas apariciones como actor.

Nunes (izquierda) junto a la hija de Yelena Samarina

No era fácil tratar un tema como éste en plena dictadura franquista, pese a que, como indica un cartel explicativo al principio de la película, desde 1969 se había indultado a quienes estuvieron implicados en el bando perdedor durante la guerra. Aun así, Ungría se atreve a mostrar un retrato de Marx pendiendo de las paredes del salón familiar, quizá para contrarrestar el hecho de que Martín contribuya a la exigua economía doméstica fabricando rosarios con cuya minuciosa elaboración llena sus muchas horas de cautiverio.