jueves, 21 de septiembre de 2017

Alibi.com, agencia de engaños (2017)














Título original: Alibi.com
Director: Philippe Lacheau
Francia, 2017, 90 minutos

Alibi.com, agencia de engaños (2017)

No hace apenas ni tres meses que se estrenó La wedding planner (2017) de la actriz y directora Reem Kherici, cuando nos llega desde Francia otra de esas disparatadas comedias gamberras firmada por el también actor/director Philippe Lacheau. La trama, en esta ocasión, gira en torno a una particular agencia, especializada en diseñar coartadas (alibi, en francés) lo mismo para maridos infieles que para jefes caraduras o cantantes deseosos de cultivar una determinada imagen ante su público.

Aunque la cosa se complica cuando Grég (el propio Lacheau), su avispado propietario y cerebro de las múltiples operaciones que lleva a cabo su equipo de colaboradores, se enamora de la hija de uno de los clientes. A partir de ese momento, se desata una serie de coincidencias y carambolas al más puro estilo de las clásicas screwball comedies americanas que desembocará en un complejo hotelero de Cannes al que el azar conduce a todos los personajes.



Ni que decir tiene que lo políticamente incorrecto está a la orden del día en unos diálogos en los que, al modo del sentido del humor cultivado desde las páginas de Charlie Hebdo, se hace broma sobre cualquier tema burlándose de todos y de casi todo. Para muchos se tratará de chanzas de mal gusto en la línea de películas como Tres hermanos y una herencia (2014). De hecho, uno de los protagonistas está interpretado por Didier Bourdon, miembro del colectivo Les Inconnus. Otro de los referentes es la comedia de carretera À fond (2016), de Nicolas Benamou, dotada de un similar ritmo frenético.

En el reparto, destaca la presencia de la veterana Nathalie Baye en un registro poco habitual en ella y cuyo papel de suegra del protagonista establece un curioso paralelismo entre el matrimonio maduro que estaba a punto de hacer aguas por las continuas infidelidades del marido con la recauchutada Cynthia (Nawell Madani) y la joven pareja de enamorados formada por Grég y Flo (Élodie Fontan).


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Pasión lejana (1986)













Título original: Més enllà de la passió
Director: Jesús Garay
España, 1986, 98 minutos



La atmósfera que en su día recreara el cántabro Jesús Garay para Pasión lejana resulta, al cabo de tantos años, genuinamente ochentera: una cantante pop que desaparece misteriosamente antes de un concierto; una trama vagamente paranormal en la que intervienen estigmas y otros elementos de tipo mesiánico; localizaciones barcelonesas en espacios claustrofóbicos; la banda sonora de Leo Mariño a base de sintetizadores; una cadencia sosegada de las imágenes que termina desembocando en una quietud exasperante...



Juanjo Puigcorbé fue galardonado en el Festival de Sitges por su papel de Ángel y Garay como mejor director por la Generalitat de Catalunya, premios que, treinta años después, pueden parecer un tanto exagerados, pero que revelan bastante a las claras hasta qué punto fue bien acogida por la crítica una película que pretendía conectar con el espíritu inquietante del cine de David Lynch.


martes, 19 de septiembre de 2017

Érase una vez un mirlo cantor (1970)













Título original: Iko shashvi mgalobeli / Жил певчий дрозд
Director: Otar Iosseliani
Unión Soviética, 1970, 82 minutos

Érase una vez un mirlo cantor (1970)

¡Cómo se parece a John Cassavetes el actor protagonista de Érase una vez un mirlo cantor! Pero no: no se trata del gran intérprete y cineasta americano, sino de Gela Kandelaki. Su personaje es el joven percusionista de una orquesta sinfónica que pasa el tiempo de aquí para allá, ora flirteando con alguna muchacha ora entrometiéndose en los más diversos asuntos. Se ha acostumbrado a irrumpir en el foso en el último momento los días que hay concierto, para desesperación del director y de los responsables de la sala. Pero Gia, que ése es su nombre, hace ya mucho que optó por tomarse la vida con calma...



Como ocurre tantas veces en el cine del georgiano Otar Iosseliani, Érase una vez un mirlo cantor es una película que fluye ante nuestros ojos y en la que los personajes cantan (o canturrean) bastante a menudo. Tal vez por la tradición polifónica del país transcaucásico o simplemente porque con dicho hallazgo el director pretende mostrar en imágenes su particular manera de tomarse la vida.

Sea como fuere, hay algo en el recorrido urbano de Gia que recuerda un tanto al de Cléo en la obra maestra de Agnès Varda, sólo que liberado de ataduras espacio-temporales así como de la angustia existencial que atenazaba a aquella mujer. Con todo, el hecho de que Iosseliani elija como leitmotiv el pasaje "Erbarme dich, mein Gott!" ("¡Apiádate de mí, Dios mío!") de La Pasión según San Mateo de Bach podría interpretarse, en cierto modo, como un presagio de las consecuencias que inevitablemente terminará acarreando la vacuidad de la existencia tan despreocupada que lleva Gia.


Estamos en camino / Los niños deben reír (1936)














Título original: Mir kumen on
Director: Aleksander Ford
Polonia, 1936, 63 minutos

Estamos en camino/Los niños deben reír

Continúa el ciclo de cine judío en la Filmoteca de Catalunya y esta tarde le tocaba el turno a Mir kumen on: literalmente "Estamos en camino" en el yidis de los askenazíes, aunque el filme es conocido a nivel internacional con el título de Los niños deben reír.

En la presentación previa, Octavi Martí ha trazado la trayectoria de su director, el hoy un tanto olvidado Aleksander Ford: ucraniano de nacimiento, polaco fundador de la Escuela de Łódź (donde fue profesor de Polanski) y figura un tanto controvertida por su pasado estalinista, finalmente su legado ha quedado un tanto en tierra de nadie, por lo que el acto de hoy también ha servido para reivindicar su filmografía.

Aleksander Ford (1908-1980)

A continuación, Golda van der Meer ha situado la película en el contexto bundista de La Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia, habitualmente conocida con el término yidis Bund ("federación" o "unión"). De hecho, dicho organismo sería el encargado de financiar este documental, ambientado en la clínica Vladimir Medem, con finalidades tanto propagandísticas como de recaudación de fondos.

La estampa no puede ser más idílica: un poco como sucedía con aquellos alumnos tan utópicos que imaginara Alejandro Casona en su obra teatral Nuestra Natacha (1934), en apenas una hora de duración veremos a los niños y niñas de la citada clínica declamando poemas, interpretando escenas teatrales y entonando canciones de los principales autores de la tradición yidis. Por su entrañable ternura, destacan especialmente números como el de las marionetas que se rebelan contra el titiritero.


domingo, 17 de septiembre de 2017

Jodorowsky's Dune (2013)













Director: Frank Pavich
Francia/EE.UU., 2013, 90 minutos



La siempre proteica personalidad del chileno Alejandro Jodorowsky creyó dar con la horma de su zapato el día que cayó en sus manos la novela Dune de Frank Herbert. Pero la que debía ser la gran película de la historia y piedra fundacional de la nueva ciencia ficción no llegaría nunca a rodarse. Este documental explica cómo fue todo el proceso.

Con un inglés de andar por casa, a veces directamente en castellano, Jodorowsky narra frente a las cámaras de Frank Pavich la génesis y posterior desarrollo del proyecto; su particular manera de convencer a quienes iban a ser sus colaboradores; gente que, según sus vehementes palabras, serían guerreros del espíritu: el productor Michel Seydoux; Salvador Dalí, Orson Welles, David Carradine, Mick Jagger en pequeños papeles; Moebius (Jean Giraud), Dan O'Bannon, H.R. Giger, Chris Foss o Douglas Trumbull en el apartado técnico y artístico; Pink Floyd en la música... Y así un largo etcétera de grandes personalidades, incapaces de resistirse a su temperamento desbordante.

Jodorowsky (izquierda) y Jean Giraud (derecha)


Pero, una vez confeccionada la plantilla con los mejores, vino la parte más complicada: viajar hasta Hollywood para conseguir financiación. Y ahí es donde se estrella el sueño de un hombre, porque, por más impactante que fuese el monumental storyboard elaborado a tal efecto y que les servía de carta de presentación, los productores americanos veían con total recelo a su director: el mismo "chiflado" que había protagonizado El Topo (1970) o La montaña sagrada (1973) y que pretendía llevar a cabo un largometraje de no menos de quince horas.

Aun así, y a pesar del rechazo frontal de los estudios a su proyecto y la posterior versión fallida a cargo de David Lynch, multitud de pequeños detalles revelan que lo que él pretendía hacer no cayó en saco roto, sino que sería reutilizado en años venideros en multitud de producciones futuristas. Sin ir más lejos, su mismo equipo fue el encargado de diseñar con notable éxito la primera entrega de Alien y la propia saga de Star Wars deja entrever el ascendente que las ideas del visionario Jodorowsky tuvieron sobre el concepto general ideado por George Lucas. ¿Quien sabe? Tal vez fue mejor así: al menos la leyenda ha ido alimentando el mito hasta convertirlo en la mejor película jamás filmada y eso ya sí que nadie puede pararlo.


Furia española (1975)














Director: Francesc Betriu
España, 1975, 76 minutos



A buen seguro que el rodaje de Furia española debió de ser muy divertido a juzgar por lo disparatado de muchas de sus situaciones. Con el telón de fondo de la Liga de Cruyff, la película mostraba una instantánea de la ciudad condal que hoy en día se nos antoja impagable, poblada por criaturas cuyo universo tenía como epicentro las Ramblas y sus oscuros aledaños. La misma Barcelona sórdida que Francesc Betriu volvería a retratar, décadas después, en su documental Mónica del Raval, aunque los pisos turísticos y la especulación urbanística le van restando autenticidad de año en año.

Sebastián, su protagonista, trabaja cobrando las entradas en las golondrinas del puerto. Interpretado por Cassen, es el típico pusilánime que tantas veces retrató el cine cómico español en los sesenta y setenta: sin más ambición que celebrar los goles del Barça, su vida transcurre entre fulanas del barrio chino hasta que conoce a Juliana (Mónica Randall), que no es mucho más honesta pero accede a casarse con él. Mientras tanto, don Amadeo (Carlos Ibarzábal), su suegro, se dedica a cultivar marihuana en cajas de zapatos desperdigadas por toda la casa, con la esperanza de forrarse.

Mónica Randall (Juliana) en el puerto de Barcelona

Y cuando, finalmente, Sebastián y el resto de socios de la peña barcelonista Estanislao pueden cantar el alirón en el Camp Nou, Juliana se pone de parto. Aunque, teniendo en cuenta que incluso las monjas de la maternidad son culés acérrimas, hasta las posibles complicaciones que experimenta la parturienta pasan a un segundo plano.

En suma, la estampa que se mostraba en Furia española a través del humor negro era la de una realidad sumamente degradada, cuyos alienados habitantes buscan consuelo en el sexo o en el fútbol. Análisis un tanto tosco de la sociedad tardofranquista, pero que no es lo más interesante de la película. Porque lo llamativo del trabajo llevado a cabo por Betriu y su colaborador José Luis García Sánchez son esos pequeños detalles que van dejando dispersos en uno u otro plano, como si de un cuadro de El Bosco se tratase. Por ejemplo, el libro que reposa sobre una mesa en casa de Juliana y que lleva por título La verdadera historia de Matesa. O la pintada que hay a la entrada de dicha finca y que reza "Parleu català" (más tarde volverá a aparecer, pero alguien la habrá tachado). Son, en fin, pequeños indicios de lo que se estaba cociendo a nivel político y que anunciaban un cambio inminente en la sociedad española.

Cassen y Ovidi Montllor (derecha) en el Nou Camp

sábado, 16 de septiembre de 2017

El amante doble (2017)













Título original: L'amant double
Director: François Ozon
Francia/Bélgica, 2017, 107 minutos



Con cada nueva entrega, François Ozon parece ir un poco más allá, sabedor, quizá, de que se ha convertido en el cineasta de la provocación (o eso, al menos, es lo que se espera de él). En ese sentido, L'amant double supone un giro hitchcockiano respecto a su producción más reciente, si bien ello no es del todo insólito, ya que 8 femmes (2002) debía buena parte de su atmósfera de suspense al universo personal del cineasta británico. Sólo que, quince años más tarde, lo que en aquel entonces se presentaba bajo el aspecto de una amable comedia musical ahora nos llega en forma de tortuoso thriller a lo Brian De Palma.

Un poco como ocurría en Obsession (Fascinación, 1976), inspirada, a su vez, en Vértigo (1958), Ozon opta por bucear en los complejos de la protagonista, aunque la diferencia estriba en el hecho de que en esta nueva versión del mito es él y no ella quien se desdobla en dos personalidades opuestas. Así pues, Jérémie Renier será, simultáneamente, el dulce Paul Meyer y el salvaje Louis Delord, ambos psiquiatras de profesión y amantes de la atormentada Chloé (Marine Vacth).



De cómo una joven de veinticinco años que adora los gatos llega a forjar en su mente semejante embrollo mejor no decir nada aquí. Baste señalar que a muchos les parecerá inverosímil y mal resuelto, lo cual era también previsible tratándose del siempre mordaz Ozon, a menudo dispuesto, como bien sabrán sus seguidores, a jugar con el espectador. En cualquier caso, la presencia de Jacqueline Bisset en el papel de madre no deja de ser una grata sorpresa por lo que tiene de conexión con el Truffaut de La noche americana (1973) y el Chabrol de La ceremonia (1995).

Curiosamente, la banda sonora de Philippe Rombi (colaborador habitual de Ozon) es lo menos hitchcockiano de la película: alejado de su acostumbrado registro orquestal (muy cercano, por cierto, al de Bernard Herrmann en la mencionada Ocho mujeres), propone para L'amant double una agresiva sonoridad electrónica que es el fiel reflejo de los tiempos en los que vivimos. Claro que, cambiando de tema, no faltará quien, ante un filme de tales características, reconozca de inmediato los mismos clichés que el cine francés no se cansa de explotar una y otra vez.